martes, 24 de mayo de 2011

La poesía: un acto de vida

La voz del poeta argentino Juan Gelman se escucha pausada. Es un sonido cálido, ronco, que nace en su pecho y que filtra su garganta con esa modulación argentina que le da un ritmo lento y un sabor particular a cada una de sus palabras, nuevas o conocidas. “Eres mi única palabra, no sé tu nombre…”, dice al recitar uno de sus poemas.

“Escribir poesía es un acto de vida, es mucho más que un acto de escritura”, lo comentó en uno de los momentos que compartió con el público en su paso por Barcelona.  En uno de ellos presentó su último libro El Emperrado Corazón Amora.  En otro encabezó el llamado Banquete de Poesía Latinoamericana, una idea importada de Medellín y donde los comensales compartieron distintos primeros y segundos platos poéticos además del postre elaborado de palabras. 

Uno de los platos poéticos
A un lado de la mesa dispuesta para la cena poética, los asistentes encontraban los libros recomendados en el menú. Cada uno los saboreó y compartió como quiso, con los compañeros de silla o con todo el público en una espontánea lectura poética ante el micrófono del auditorio del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA).  

Allí comprendí mejor el sentido de la poesía como un acto de vida, no sólo por lo que revela y cuenta cada poema sino por esa necesidad de las personas de abrir su alma, de compartir unos  sentimientos e ideas que la poesía, como un filtro sofisticado, se encarga de elevar a su mejor y más bella forma de expresión.

jueves, 20 de enero de 2011

Amores Urbanos

A finales del año pasado asistí en L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona, a la presentación del libro de poesía Amores Urbanos de Marta Cecilia Cedeño Pérez.



Unos meses antes había tenido la fortuna de recibir de su autora el libro que he ido leyendo con calma, como creo se debe leer la poesía, de saborear y oler cada una de sus palabras, de vivir esa ciudad de rincones y luces, de periferia y retazos, de cuerpos que se buscan entre el silencio y la complicidad mientras a su alrededor el  mundo bulle con toda intensidad.

Esa fuerza de los instantes, de una mirada que lo abarca todo y al mismo tiempo participa de esos encuentros desbordados de pasión le da una especial dimensión a la ciudad y a quienes viven en ella.


La ciudad de ojos
brumosos    
mira desde abajo
mientras los cuerpos
son fuego breve
carne apretada en la baranda.
(Extracto poema XI)


Ese campo de edificios y antenas, de calles rotas por el ruido o los recuerdos, es testigo y  cómplice, el espacio donde todo es posible.


La ciudad regurgita
rutinas   
conversaciones
sorpresas
lamentos
risas.
Allí se consuman
encuentros
retozos
copulaciones
emergencias
bajo la mudez de los cuerpos
tocados de azar.
(Poema VI)


La pasión de los amantes traspasa las paredes, las calles, los edificios.


Soy amante de ojos abiertos.
Mi encendido cuerpo
se oculta en el muro de tu casa
que a veces se desploma
con los placeres negados.
(Extracto poema VII)


Martha Cecilia construye una y diferentes ciudades de colores y aromas, calles que cuentan su propia historia de amor, seres que se reconocen y aman en cualquier cruce de sus recuerdos.

Así son estos Amores Urbanos, un libro que es un placer de leer en especial cuando se puede degustar, día a día, durante largo tiempo. 




jueves, 9 de diciembre de 2010

¿Quién dijo miedo?

Hace pocos días me invitaron a ver en Sant Cugat el documental Quién dijo miedo que habla del golpe de estado que sucedió el año anterior en Honduras.

En la madrugada del 28 de junio del 2009, el ejército hondureño utilizó sus balas y fusiles para irrumpir en la casa del entonces presidente Manuel Zelaya.  Las fuerzas estaban desequilibradas y el presidente, aún vestido con su pijama, fue conducido como un condenado al exilio.

La proyección muestra el punto de vista de la resistencia, de aquellos que no quisieron callar y aceptar a otro presidente diferente del que ellos habían elegido y no por un mero capricho. Zelaya encarnaba la oportunidad de una mayor participación democrática y lo tumbaron con la acusación de haber convocado una consulta ilegal al pueblo hondureño, de querer preguntarle, el mismo día que lo asaltaron en el palacio presidencial, si quería incluir en las elecciones generales de noviembre la llamada cuarta urna para votar un referéndum y cambiar la constitución por medio de una Asamblea Constituyente.

Los partidarios de este asalto dirán que era necesario  y legal, que Zelaya había vulnerado la constitución de Honduras y que los militares hicieron lo que tenían que hacer.  La verdad tiene muchas facetas pero es claro que esta versión de la historia es difícil de sostener.

El día del documental conocí a Joel, un miembro de la resistencia hondureña, que como a muchos le tocó exiliarse de su país porque le cerraron todas las puertas por su apoyo a las ideas de Zelaya.  Otros tuvieron menos suerte, murieron o terminaron encarcelados en sus intentos desesperados de gritarle al mundo lo que allí había sucedido y todavía sucede.

El golpe dividió a la sociedad hondureña y este documental que invito a observar (se puede descargar por Internet) hace una crónica de estos hechos. Honduras, como un moribundo en la sala de operaciones, yace aún con sus heridas abiertas y prácticamente aislado de la comunidad internacional en espera de encontrar su propio camino hacia una mayor democracia.  

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La muerte de Fernando Garavito

El lunes pasado me enteré de la muerte de Fernando Garavito. A él lo conocí en el año 1988 cuando fui a buscar empleo al periódico La Prensa, de  Bogotá. Recuerdo que me sacudió con su voz que parecía regañona y me mandó a la segunda planta de la casa del barrio La Macarena donde estaba el subdirector general de La Prensa, Augusto Calderón, que definía las vacantes disponibles en el área de deportes.


Yo, con mis recordados compañeros de deportes, escribíamos los artículos en unos computadores situados al lado de una chimenea apagada y cerca de tres metros más adelante estaba él, Fernando Garavito, a quien miraba de reojo o de manera sorprendida cuando escuchaba una de sus famosas admoniciones a los redactores del suplemento Vivir. Pero Garavito, como se le decía para ahorrar palabras, era más que el maestro que no perdonaba una coma en falso ni una noticia extraviada en el sistema que no hubiera llegado a sus manos.

Él, con sus chalecos y su camisa a juego con el pantalón, era un hombre elegante no sólo en su forma de vestir sino de actuar. Un hombre comprometido con su oficio de periodista, con las palabras que redactaba de una manera singular, que mezclaba en un verdadero tren de sinfonías y colores.

Recuerdo su risa que dejaba al descubierto al hombre bueno, a la verdadera persona detrás de esa imagen por momentos huraña que desataba un verdadero huracán a su paso cuando consideraba que las cosas no marchaban bien.

En alguna ocasión me lo volví a encontrar en el diario El Espectador y me dijo que ya estaba de salida del periodismo, aunque la verdad es que nunca estuvo de salida porque el periodismo lo era todo para él y él, de alguna manera, también lo era todo para el periodismo.

Por eso siempre se mantuvo firme, con sus convicciones y críticas hasta el último día de su vida que siempre concibió en primera línea de combate aunque para ello haya tenido que exiliarse de Colombia.

Quienes fuimos tus alumnos y compañeros de trabajo no te olvidamos, tampoco otros lo harán.

Gracias, Fernando.

viernes, 15 de octubre de 2010

La fuga del premio Nobel

El profesor de Literatura Liu Xiaobo sigue entre rejas en China. El Nobel de la Paz que recibió hace pocos días no lo ha librado de ese encierro forzado, una prisión merecida para las autoridades chinas y muy injusta para quienes ven en él a un luchador por los derechos humanos y políticos en su país.

En 1989 algunas personas que estuvieron en esa histórica plaza de Tian’anmen recuerdan su participación activa en aquella protesta de estudiantes que terminó cuando los tanques rompieron cualquier disidencia y gritos en contra del sistema. Dicen que Xiaobo salvó a muchos estudiantes dado que consiguió que muchos abandonaran este lugar antes de ser víctimas de la represión.

Gao Xingjian, el premio Nobel chino de Literatura en el año 2000, que como Xiaobo es un innombrable en la China oficial, escribió muchos años después La Huida, una obra de teatro que recrea estos sucesos de Tian’anmen.

Sobre esta obra y otros temas relacionados conversé con Gao Xingjian cuando visitó Barcelona en marzo del 2007 para presentar su libro Contra los Ismos. Esta conversación tiene relación con lo que vive en la actualidad su país y padece el actual premio Nobel de la Paz. Por eso la rescato del baúl de los recuerdos y la comparto en este blog.

Cortesía David Ruano

“Se oye el ruido ensordecedor de los tanques avanzando en fila india sobre el asfalto envueltos por la oscuridad. No muy lejos, las metralletas y fusiles de asalto disparan sin cesar”, escribe Gao Xingjian en las primeras líneas de su obra de teatro La huida con que se inicia Contra Los Ismos, su último libro traducido al español.

La narración se dirige a una calle en ruinas, aparecen los personajes, una pareja de estudiantes y un adulto, se refugian en un sitio derruido, plagado de desastre. Allí llegaron luego de huir de los disparos que colmaron la plaza principal de la gran ciudad. Es un lugar oscuro, inseguro, el agua se filtra por todas partes, la muerte se esconde en cada rincón. Y en medio de ese desfiladero surgen dramáticos diálogos que parecen las últimas palabras de los condenados a muerte, “si abren fuego, ya no habrá vuelta atrás”, dice la aguerrida joven que no pasa de los 23 años.

De esos condenados que murieron, de los condenados que se salvaron escribió Gao Xingjian, de esa realidad que lo golpeó como una de las ráfagas que destrozaron las entusiastas formaciones de estudiantes aquel 4 junio de 1989 en la plaza de Tian’anmen en Pekín. “Creo que la Literatura, incluida la ficción, no tiene valor si no despierta lo real de la vida. Para mí es revelar el testimonio de la existencia humana”, dice Gao en un francés que pronuncia con naturalidad gracias a sus 20 años de exilio en París. Desde allí anunció a los pocos días de la masacre que renunciaba a pertenecer al Partido Comunista de China. Sus autoridades tildaron la obra de reaccionaria y lo declararon ‘persona non grata’.

No era la primera vez que tenía problemas con ellos. Otra de sus obras de teatro, Parada de autobús, fue considerada profundamente antisocialista y perniciosa para China. Lo mismo que La otra orilla a la que sólo se permitió su representación sin diálogos.

Gao es el Innombrable en su país. La distribución de sus libros está prohibida y su nombre no aparece en la lista oficial de los escritores chinos. El premio Nobel de Literatura del año 2000 tampoco lo ha salvado de ese extraño anonimato. Es como si no existiera o hubieran borrado sus pasos, el registro de su reclusión a los 29 años en un campo de ‘reeducación' donde tenía absolutamente prohibido escribir. Él escribió de todos modos, escondía los papeles en macetas, bajo la tierra o la estera de paja de su colchón, los quemaba y volvía a escribir, una u otra vez, así comprendió que, de verdad, había comenzado a convertirse en escritor.

Su lucha ha sido siempre solitaria, se resiste a ser clasificado, sometido, a no tener una expresión propia. Por eso piensa que la huida es la única salida. “En la vida nos encontramos en una huida permanente. Si no huimos de la opresión política huimos de los demás, y por si fuera poco, debemos huir también de nosotros mismos en cuanto nuestro ego se despierta, a pesar de que al final es precisamente de este ego de lo que nunca logramos desprendernos. Éste es el drama actual de la gente”, escribe en otra de las partes del libro Contra Los Ismos que incluye ensayos sobre el teatro y el individuo.

Cortesía David Ruano

¿Por qué el título del libro? “Los ismos son pensamientos fijos, inamovibles, vinculados a intereses, pero detrás siempre hay un trasfondo político, no es un auténtico libre pensamiento. El quedarnos bloqueados por algunos ismos ideológicos implica un compromiso político muy fijo, hace perder la independencia intelectual del escritor. Pienso que los grandes escritores van más allá de la ideología, incluso los que se dicen comprometidos. Si algunos tienen una obra más importante es porque ella ha ido más allá de la ideología”

Él está seguro que como escritor es apenas un testigo, un hombre que sólo tiene la fuerza de su testimonio que no cambia las cosas. Sin embargo, parece que las autoridades chinas no piensan lo mismo.

“Eso es problema de las autoridades. Pienso que la Literatura puede formar a la gente, despertar la conciencia humana, pero no puede cambiar al mundo, eso es imposible, además ¿quién puede cambiarlo?”.

Con esa conciencia escribe cada día, casi sin descanso, como cuando estaba recluido en un centro de reeducación y la escritura era su mayor acto de rebeldía. Él es como el personaje del adulto en La huida quien en diálogo con el joven, que le reprocha su falta de compromiso con el movimiento estudiantil, le responde “no tengo ningún interés en convertirme en una carta en manos de otra persona y que jueguen conmigo. Debo mantener mi propia voluntad, independiente e inamovible. ¡Por eso tengo que huir!”

Por eso huyó de China así como otros escritores en el mundo lo han hecho de sus países, caso de Latinoamérica. ”A menudo en los países latinoamericanos hay un poder totalitario y los autores tienen que acercarse a dificultades que, con frecuencia, se parecen a las chinas. Hay muchas guerras, violencia, lo que ha marcado esa literatura, aunque los grandes autores latinoamericanos, con relación a los autores chinos del mismo periodo, tienen más libertad de expresión y su literatura es mucho mejor que la China donde ha habido mucha censura. En América Latina, además, si uno está prohibido en un país puede saltar a otro y seguir escribiendo”, dice

Gao ya no tiene que esconderse para escribir. Confiesa que ahora sí es feliz aunque ha sufrido mucho. Como cuando le diagnosticaron equivocadamente que tenía cáncer de pulmón y en una especie de reencuentro con China viajó cerca de 15.000 kilómetros por los bosques del sudoeste, donde además se protegió de los rumores que le advertían de su encarcelamiento en una granja prisión por su obra de teatro Parada de autobús. Como un personaje más compartió las leyendas, cuentos, canciones y costumbres que plasmó en su gran novela, La montaña del alma. 7 años de trabajo, de búsqueda de un lenguaje, de mezcla de fábulas, de apuntes de viaje. Él defiende esta experimentación, el uso de nuevas técnicas que ayudan a revelar mejor la vida.

Él es una especie de artista renacentista que además escribe cine, opera, danza, poesía, teatro y pinta acuarelas, como la que realizó para la portada de Contra Los Ismos, con las que se ganó la vida durante muchos años.

¿Volverá a China algún día? “China es la que no quiere saber de mí”, dice con simpleza, sin un asomo de tristeza, mientras tanto él sigue huyendo porque, como él mismo escribe, “huir es reclamar la existencia, de otro modo, si uno no muere prisionero en una jaula, es destruido por la lengua de las masas”.

jueves, 7 de octubre de 2010

Literatura colombiana en Biblioteca de Cataluña

Esta biblioteca abrió sus puertas a la exposición Colombia: una Literatura, un País que finalizó en días pasados. 

Foto de Ricard Marco Muñoz

El recorrido presentó distintas etapas y corrientes de la literatura colombiana, principalmente del siglo pasado. Autores como José Manuel Marroquín, Juan Rodríguez Freile, José Asunción Silva, José María Vargas Vila, naturalmente Gabriel García Márquez, el único premio Nobel de Literatura que ha dado Colombia por el momento, así como otros escritores más contemporáneos como Andrés Caicedo, la poetisa María Mercedes Carranza, Héctor Abad Faciolince, Germán Castro Caycedo, William Ospina, Zamir Bechara, Laura Restrepo, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Jorge Franco, Santiago Gamboa, Fernando Vallejo o Juan Gabriel Vásquez, entre otros. 


Foto de Ricard Marco Muñoz

Sus libros ocuparon 4 vitrinas de esta exposición que se complementó con una muestra de documentos, manuscritos, mapas y folletos anteriores al siglo XX que exploran las relaciones entre la Nueva Granada, Colombia, España y Cataluña. Por ejemplo, allí estaban unos documentos relacionados con el misionero jesuita San Pedro Claver, el recordado y querido apóstol de los negros, nacido en Cataluña. También unos diarios de navegación, documentos cartográficos y otras piezas bibliográficas que, como los libros de los escritores colombianos, permanecen en los fondos de la Biblioteca de Cataluña para su consulta.


martes, 14 de septiembre de 2010

“Hay que desmitificar a los niños”

El próximo 15 de noviembre es la fecha límite para la entrega de las obras (cuento o novela) al XVI Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma-Fundalectura 2010

El año anterior, en Barcelona precisamente se hizo una interesante reflexión sobre esta Literatura, en las Primeras Jornadas de Literatura Infantil y Juvenil en la Casa América Cataluña. Allí participó el escritor bogotano Evelio Rosero que además se enfrentó a las preguntas de numerosos niños que no sólo habían leído algunas de sus denominadas obras juveniles sino que tuvieron el gusto y el valor de representarlas frente a él.

Rosero piensa que los niños son seres humanos que sienten y sufren como un adulto a quienes no se debe embaucar con cuentos de hadas y bosques encantados que nada tienen que ver con su realidad. Con él conversé de estos temas y ésta es la entrevista que les comparto.


Cortesía Casa América Cataluña


 El Diablo visita a Dios. Se la ha caído uno de sus dos cachos y quiere que Dios le haga el milagrito de pegárselo de nuevo en su cabeza. Dios no lo puede ayudar, confiesa que ya no tiene el poder de antes, además está resfriado y con hambre. La solución: ir a un restaurante a la Tierra. Un pato asado los espera, también muchos líos, los dos acaban en la cárcel y perseguidos por la policía aunque al final quedan libres de toda culpa y con el ánimo dispuesto para comerse un buen caldo de cachos de Diablo, jugar ajedrez y escuchar las poesías que Dios declama en voz alta.

Los aplausos se escuchan en el auditorio, los niños del colegio SES El Vern de Barcelona finalizan la presentación de esta obra de teatro, ‘Ahí están Pintados’, del escritor bogotano Evelio Rosero Diago. El motivo: las Primeras Jornadas de Literatura Infantil y Juvenil Latinoamericana en la sede de Casa América Cataluña.

Evelio mira satisfecho la actuación de los niños. “Yo creo que hay que desmitificar a personajes como el Diablo, como Dios. Lo hice como una especie de rebelión porque cuando era niño vivía perpetuamente asustado de los cuentos sobre el Diablo con los que los adultos pretendían acostarnos o amedrentarnos para que no molestáramos o no pensáramos, para que no fuéramos libres. Esa especie de rebelión, creo que es la que he trabajado en mis temas para enseñar a los niños a ser más libres y a no dejarse encadenar por el mundo del adulto”.

También piensa que hay desmitificar al niño: “El niño es un ser humano que padece y sufre tanto como cualquier otro adulto y esa literatura para niños de ángeles, donde el niño está siempre ensoñado en un bosque encantado, para mí es deprimente, no es verídica y está mandada a recoger. Muchos escritores creen que escribir para niños es repetir cuentos de hadas y me parece que están haciendo mal, los niños sufren y aman, también sienten el deseo vital, la sensualidad. Yo sólo le pido a quien me escuche que piense en su propia infancia, en su primer amor, eso es tan intenso como el enamoramiento de cualquier adulto”.

Un día, cuando tenía 20 años, Evelio recibió la visita sorpresiva de sus sobrinos que le indagaron sobre la larga ‘carta’, una novela en realidad, que escribía. Con su curiosidad infantil, la tomaron entre las manos pero ella no les inspiró más que un bostezo. Eso significó para él un reto, escribir textos que los distrajera cuando visitaran a la abuela, así surgió su primer libro de cuentos para niños, ‘El Trompetista sin zapatos y otros cuentos para poco antes de dormir’.

Sus sobrinos crecieron y Evelio aún escribe estas historias infantiles y juveniles: “Me cuento esos cuentos, esas historias que yo hubiese querido soñar y leer cuando era niño. Yo creo que es ahí cuando aparece un cuento como ‘La Pulga Fiel’, ‘El Regreso del Mago’, la misma ‘Cuchilla’, que ya es una novela para preadolescentes, o ‘Pelea en el Parque’. Son recuerdos de infancia, una memoria de mi época de niño que yo he recreado a través de la Literatura y que yo no sé porqué mecanismos inconscientes, literarios, la escribo con esa ensoñación juvenil, infantil y por eso mismo se origina un lenguaje transparente que es lo que yo considero diferencia a la literatura para niños de la literatura para adultos: no hay compromisos ideológicos, no siento barreras académicas, de información, históricas, me libero de todas estas ataduras del mundo del adulto para acceder a una literatura plenamente veloz y transparente, liviana, que llega al corazón del hombre, a todos los públicos”.



Cortesía Casa América Cataluña


El ganador del prestigioso premio del diario inglés ‘The Independent’ (su novela ‘Los Ejércitos’ fue escogida como el mejor libro de ficción traducido al inglés durante 2008) prefiere no referirse a la Literatura Infantil, cree que no existe, en su lugar escoge el término ‘Literatura Transparente’, es decir, la Literatura para todos los públicos. Él piensa que la Literatura es una sola, lo demás son inventos comerciales: “Ya lo decía Borges que esto es una invención de las editoriales a mediados del siglo XX que pretendieron abrir como un campo comercial exclusivamente dedicado a los niños. Por ejemplo, Melville no pensó que estaba escribiendo con ‘Moby Dick’ una novela para niños, sencillamente escribió ‘Moby Dick’, igual Julio Verne y otros grandes escritores que ahora los leen los niños no escribieron pensando en dedicar, dirigir su obra a niños”.

Evelio Rosero tampoco lo hace, simplemente escribe un tema por el interés que despierta en él. Luego encuentra el tono, la forma y el lenguaje más adecuados para contar esa novela o cuento. Cuando el resultado es un tipo de ‘Literatura para todos’, “el trabajo de lenguaje es distinto porque siento que trato de acceder a un lenguaje transparente donde no recurro a experimentaciones lingüísticas o metafóricas que sí me asoman cuando trabajo un texto erótico, por ejemplo, o simplemente de reflexión”, explica.

Sus primeras tres novelas: ‘Juliana los Mira’, ‘El Incendiado’, y ‘Mateo Solo’ trabajan el mundo de la infancia y la adolescencia aunque para su autor no son textos que precisamente le interesen a un niño. “Eso quiere decir que no son novelas dirigidas a los niños, ahora bien puede existir un niño que lea esas novelas. Yo tenía 10-12 años cuando leí ‘Madame Bovary’, sin embargo me interesó tanto su tragedia como, al mismo tiempo, la lectura de ‘Viaje al Centro de la Tierra’, ‘20 mil leguas de viaje submarino’, creo que en eso radica la diferencia, en la llegada del libro a determinado público”.

Confiesa que el libro que siempre recomienda en los talleres para niños es ‘El Coronel no tiene quien le escriba’ que piensa puede ser leído, sin problemas, por un niño de 8 años sin que sea un libro para niños. “Fíjate la ironía, ese libro está escrito de una manera tan clara, tan precisa, que puede ser degustado por un adulto o por un niño”.

Al hablar de ‘Literatura Transparente’ recuerda que el primer libro que lo deslumbró de niño fue ‘Robinson Crusoe’, de Daniel Defoe. Luego siguieron las obras de Julio Verne, de Jack London.

De los autores de Colombia reconoce que no se sintió atraído por Rafael Pombo, aunque sí por el escritor manizalita Arturo Suárez quien publicó una serie de textos sobre leyendas de Antioquia. Precisamente, en una de ellas el diablo pierde a los naipes con un arriero. Ese tipo de historias lo influenciaron, lo mismo que las contadas por el escritor italiano Emilio Salgari, así como las ‘novelas para adultos’ de los escritores rusos del siglo XIX (Dostoiewsky, Turgueniev, Gógol, Tolstoi, entre otros) y de los autores del boom latinoamericano.

Con estos maestros literarios y su trabajo incansable aprendió el oficio de escritor, a ensamblar y contar historias, a construir un camino muy personal en la Literatura. “Las intenciones moralistas, la conclusión de enseñanza, no me parecen adecuadas. Yo creo que no busco enseñar, ni moralizar con mis cuentos, sencillamente mostrar una realidad, un aprendizaje, una experiencia que yo tuve o que imagino y comunicarme con ese ser espiritual que todavía no ha sido contaminado y que se llama niño”.

Él que ha ganado y sido nominado por muchos de sus libros ‘infantiles y juveniles’, hoy siente el vacío de no poder escribirlos: “Hace tiempo que no escribo para niños, he perdido esa alegría, yo quisiera volver a sentir ese entusiasmo de sentarme a escribir de esa manera y no me llega, no sé qué ha pasado, seguramente la misma realidad del país. Fíjate en ‘Los Ejércitos’, en ‘El Lejero’, son novelas ubicadas en la Colombia de hoy, el dolor del país que me ha avasallado, yo no sé si precisamente por ese dolor ahora me es imposible escribir para niños”, concluye.